Historia de la música de cine

La unión entre la música y las artes escénicas se originó mucho antes de la invención del cine en espectáculos, como la ópera, que combinaban la música con lo teatral. Creada en el Renacimiento por un grupo de intelectuales llamado la Camerata Florentina, la ópera fue concebida como la obra que integraría todas las artes en una misma representación. Llegado el siglo XX el cine ocupó el lugar que anteriormente tenía la ópera como la gran obra y a la que el público acudía masivamente. La música que se comienza a utilizar para acompañar las películas no surge repentinamente con la invención del cine, sino que toma elementos musicales que ya se venían utilizando en la ópera.

Para lograr una invención como el cine, fueron necesarios una serie de avances técnicos que produjeron la tecnología necesaria para conseguir la ilusión óptica del movimiento. Algunos de los inventos previos al cine son reseñados por Georges Sadoul en su libro Historia del cine mundial, a saber: el daguerrotipo — desarrollado por Nicéphore Niepce y patentado por Louis Daguerre en Francia en 1839 — y el fonógrafo desarrollado por Thomas Alva Edison en 1877. En 1895 Edison patenta el kinetófono, aparato capaz de reproducir imágenes en movimiento con sonido. Ese mismo año los hermanos Auguste y Louis Lumiere, en Francia, presentan al público el cinematógrafo

Michel Chion, en su libro La música en el cine, señala que una vez popularizado el invento se hizo necesario un acompañamiento musical para el cine mudo, que era realizado por agrupaciones de músicos en vivo que tocaban en cada función. La música se hizo necesaria para evitar las distracciones producidas por el ruido del proyector, además de otros ruidos como los comentarios del público, que no estaba acostumbrado observar en silencio un espectáculo carente de actores reales. En 1909 se comienza a publicar música sugerida para cada escena del filme llamada cue sheet lo cual facilitaba a los músicos el trabajo de tener que seleccionar la música adecuada para el clima de cada escena. 

En la búsqueda de una coincidencia perfecta de la imagen y el sonido surge la tecnología sound on disc, sistema amplificado del sonido en el que se podía reproducir un disco grabado sincronizado con la película. Este sistema sólo fue posible una vez que se implementa la electricidad en las ciudades. Chion señala que uno de estos sistemas de sincronización de imagen y sonido era el Vitaphone, desarrollado 1926 por la Warner Brothers. De esta época la película más importante fue The Jazz Singer (1927) ya que fue uno de los primeros largometrajes con sonido sincronizado que además incluyó un breve diálogo pero que causó gran impacto en el público. Alrededor de 1930 surgen las primeras orquestas dedicadas a grabar música para películas.

En la década de 1930 se dan avances tanto en lo musical como en materia tecnológica. Pablo Mérida, en el libro El Cine, destaca dos filmes que se consideran como máximos representantes de este período: Las aventuras de Robin Hood (1938) y Lo que el viento se llevó (1939). Estas películas sobresalieron no sólo por ser los primeros largometrajes con sonido y color sino también por su música, compuesta por Erich Korngold y Max Steiner respectivamente.

Con el desarrollo del cine sonoro surgió el problema del balance entre el volumen de los diálogos y el volumen de la música, que se solucionó con la creación de una máquina llamada up-and-downer en 1934 y que permitía disminuir el volumen de la música al momento de los diálogos. Según Chion en esta época se establecieron las reglas clásicas de la música de cine — que se siguen usando hoy en día — como usar la música para intensificar la acción o para señalar el inicio o el fin de una secuencia.

La autora Ashley Shepherd describe en el libro ProTools for video, film, and multimedia los distintos formatos que se utilizaron para grabar sonido para películas a partir de la década de 1950 que son el Cinerama, el Cinemascope, el Warnerphonic y el Todd-AO. A partir de 1976 se comenzó a utilizar el formato Dolby Stereo y a partir de 1992 surgen los formatos digitales como el Dolby Digital, el DTS y el SDDS. Con cada uno de estos formatos se obtuvieron mejoras en la calidad de sonido y más facilidades para la grabación.

Haciendo un breve repaso a la cronología de películas que presenta Michel Chion en el libro antes mencionado, encontramos que una película que destacó por sus innovaciones técnicas y narrativas fue Ciudadano Kane (1941). Esta película contó con música de Bernard Herrmann, mismo compositor que trabajaría en 1960 en la película Psicosis cuya escena de la ducha hace un uso magistral de la música. En 1961 destaca la película Breakfast at Tiffany’s con música de Henry Mancini, músico de suma importancia en el mundo del film scoring. En 1966 se presenta en las salas El bueno, el feo y el malo con música de Ennio Morricone cuyo extenso trabajo debe ser tomado como referencia obligada en la música para películas. 

En 1960 se presenta en las salas la película Espartaco con música de Alex North y dirigida por el entonces joven director estadounidense Stanley Kubrick, quien incursionó en el cine habiéndose desempeñado previamente como fotografo. Películas de su autoría como Lolita (1962), El resplandor (1980) o 2001: Una odisea del espacio (1968)han influido enormemente en producciones de cine posteriores. En su película La Naranja Mecánica (1971) destaca la utilización de las versiones realizadas en sintetizador por Wendy (Walter) Carlos de obras de compositores académicos. 

Una de las películas que destaca por tener un tema principal reconocible por el público es El Padrino (1972) con música escrita por Nino Rota, pero sin duda el compositor que más afamados temas tiene es John Williams, quien escribió la célebre música de La guerra de la galaxias, Episodio IV (1977), Tiburón (1975) e Indiana Jones sólo por nombrar algunos. También destacan los trabajos de Alan Silvestri en Volver al futuro (1985) y James Horner con Titanic (1997).

Ashley Shepherd — en el libro mencionado previamente — señala que a partir de 1999 se comienzan a usar formatos digitales conocidos como DAW o Digital Audio Workstation que son los más utilizados en la actualidad. Con la llegada de la era digital se refina el proceso de grabación y se comienza a crear música con una mezcla de instrumentos sintetizados y reales. La autora afirma que una de las primeras películas en utilizar este tipo de formatos fue La guerra de la galaxias, Episodio I (1999). En la página IMdb.com encontramos como ejemplo de esto el score realizado por la agrupación Daft Punk para la película Tron: Legacy (2010), que usa un estilo mayormente electrónico pero sin dejar de usar instrumentos reales.

Isabel Camacho.

REFERENCIAS

  • CHION, Michel. – (1997). La música en el cine. Ediciones Paidós. Barcelona, España.
  • IMDB.COM. Tron: Legacy. Full Cast & Crew. https://www.imdb.com/title/tt1104001/fullcredits?ref_=tt_ov_wr#writers/. Consulta: 4/Dic/2019.
  • MÉRIDA, Pablo. – (2003). El Cine. Editorial Larousse. Barcelona, España.
  • SADOUL, Georges. – (1987). Historia del cine mundial. Desde los orígenes hasta nuestros días. Siglo XXI Editores. México.
  • SHEPHERD, Ashley. – (2008). ProTools for video, film, and multimedia. p. 7 – 8. Course Technology. Estados Unidos.

Música clásica en solitario

En la actualidad, la pandemia del coronavirus ha obligado al aislamiento social como manera de prevención del contagio ocasionando la cancelación de innumerables eventos musicales en todo el mundo. Este inesperado suceso ha llevado a los músicos a reflexionar sobre la mejor manera de aplicar el distanciamiento social en una forma de arte que requiere, no sólo de varios intérpretes, sino de la interacción con el público para su plena expresión.

Cuando asistimos a un concierto de música clásica, generalmente, presenciamos la ejecución de varios músicos que tocan en ensamble, los cuales pueden ir desde un duo a una orquesta sinfónica. Esto se debe a que los instrumentos, sonando a la vez, crean los tres elementos fundamentales que conforman la música: melodía, ritmo y armonía. La gran mayoría de los instrumentos están concebidos para tocar en ensamble, con excepciones como el piano, el arpa o la guitarra que son capaces de tocar perfectamente solos.

En el caso de la música clásica, aumentar la distancia entre instrumentistas afecta el buen desempeño del ensamble, por lo que el distanciamiento de los músicos en escena no es una opción. En consecuencia, los músicos clásicos deben pensar en disminuir la cantidad de músicos en escena como una manera de reducir las posibilidades de contagio. 

En la música popular son comunes los acompañamientos virtuales o las máquinas que crean loops y permiten la grabación de un acompañamiento en vivo. Este tipo de aparatos —que normalmente están alejados de las salas de conciertos de música clásica— tal vez serán más frecuentes en un futuro no muy lejano. Seguramente, también habrá un incremento en los conciertos de agrupaciones de cámara como cuartetos de cámara o quintetos de vientos en lugar de conciertos de orquestales y se hagan conciertos al aire libre que requieran amplificación.

En las redes sociales hemos visto en los últimos meses músicos que, desde el confinamiento, se unen a otros músicos para tocar una pieza musical. Cada músico graba su parte que posteriormente se unirá en la postproducción del video con los otros instrumentos para crear un ensamble virtual. Estos videos de ensambles musicales virtuales cumplen el objetivo de tocar la obra, pero carecen de la magia que se aprecia en los conciertos en vivo, no sólo por la falta del contacto directo con otros músicos, sino por la falta de contacto con el público.

Entre los músicos se dice que un concierto sin público no es más que ensayo, ya que las reacciones de la audiencia al momento de la interpretación son importantes para los músicos en escena. Así lo afirma la pianista china Yuja Wang en una entrevista para el periódico español La Vanguardia cuando dice: “Es muy distinto hacer algo online: no percibes la acústica de las magníficas salas, ni tampoco los alrededores en la ciudad, ni la interacción con la orquesta y el director. Pero sobre todo la electricidad y la energía que te llega del público, no importa que esté en la penumbra”. 

En los últimos meses hemos visto innumerables videos de músicos compartiendo su arte por las redes sociales lo que, ciertamente, ayuda a mantener el contacto entre los artistas y su público pero, aunque existen varias formas de reaccionar a esos videos como compartirlo con los amigos, hacer click en el botón “Me Gusta” o escribir un comentario, ciertamente el contacto directo con el público es un factor fundamental en la experiencia de hacer música. Sólo el tiempo dirá cómo el sector de la música clásica podrá afrontar esta nueva situación.

Isabel Camacho.

Referencias:

22 de noviembre, día del músico y de Santa Cecilia

Cada 22 de noviembre se celebra el día de la música, de los músicos y de Santa Cecilia considerada tradicionalmente como protectora de los músicos.

Cecilia de Roma, mejor conocida como Santa Cecilia, fue una noble romana convertida al cristianismo que se cree que vivió en el siglo II de nuestra Era, época en que esta religión era considerada una amenaza para el imperio romano. Al ser descubierta profesando esta fe, contraria a las leyes de su época y negándose a abjurar de la misma, fue condenada a muerte falleciendo el 22 de noviembre. La relación que tiene Santa Cecilia con la música es bastante imprecisa, pero se cuenta que durante su martirio Santa Cecilia cantaba los salmos sin renunciar a su fe. Más de mil años después se encontraron sus restos y en 1594, Santa Cecilia fue canonizada por el papa Gregorio XIII y fue proclamada patrona de la música.

El éxtasis de Santa Cecilia

Investigando sobre obras pictóricas de Santa Cecilia me encuentro con el Éxtasis de Santa Cecilia del famoso pintor renacentista Rafael Sanzio y un simpático artículo sobre la misma escrito por Julia Emperador para el portal Andalán. En esta obra, encargada a Rafael por Elena Duglioli dall´Oglio, se aprecia el refinado pincel del destacado maestro italiano tanto en los rostros de los santos como en las telas de sus vestidos.

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El “Éxtasis de Santa Cecilia” patrona de la música, fue realizado por Rafael en 1515 para la capilla familiar de Elena Duglioli, en la iglesia de San Giovanni in Monte de Bolonia. Tras formar parte del botín napoleónico estuvo en el Museo del Louvre hasta 1815, cuando regresó a Bolonia a la Pinacoteca Nacional de esta ciudad, situada en el bullicioso y carismático barrio universitario.

Antes de visitar la Pinacoteca me paseo por la calle Zamboni, donde se encuentran las facultades de Filosofía, Teología, Veterinaria, Medicina y Derecho. Bolonia fue la primera universidad del mundo occidental en el año 1088. Allí estudiaron Dante, Petrarca, Becket, Erasmo de Rottterdam, Copérnico, Nebrija, Cervantes, San Ignacio de Loyola…

Callejeando por la calle Zamboni, entro a visitar la bella iglesia de San Giacomo Maggiore y unos metros mas allá el Oratorio di Santa Cecilia. Es una capilla sencilla con una gran fuerza mística, está decorada con diez frescos que cubren todas las paredes y relatan la vida de la santa: comienza con el matrimonio con un joven patricio, Valeriano, al que convierte a la religión Católica, su persecución, la visión de su Ángel Custodio, el reparto de sus bienes entre los pobres y termina con su martirio.

La Pinacoteca Nacional comparte con la Academia de Bellas Artes la antigua sede de un seminario jesuita, en la actual Via delle Belle Arti y muestra sus colecciones en 30 salas con obras de Giotto, Vitale de Bologna, Rafael, Guido Reni, Parmigianino y los Carracci: Ludovico, Agostino y Annibale renovadores del barroco temprano frente a la pintura de Caravaggio, considerado por ellos como “el anticristo de la pintura”.

En las salas destinadas al Renacimiento descubro “el extasis de Santa Cecilia” de Rafael, una de las obras más importantes y famosas de la Pinacoteca.

Esta obra pertenece al género religioso denominado “sacra conversazione”. Así se conocen los cuadros que representan una escena compuesta de varios santos a los que se distingue por los atributos iconográficos propios de su leyenda. La figura principal de la composición es Santa Cecilia, virgen y mártir romana, considerada a finales del siglo XV como patrona de los músicos, a cuyos pies yacen los instrumentos musicales abandonados excepto el órgano que sostiene vagamente en sus manos, mirando al cielo donde entre las nubes aparece un “coro” de ángeles. A su alrededor están San Pablo, en actitud pensativa, San Juan Evangelista cuya mirada se encuentra con la de San Agustín, y Santa María Magdalena que mira hacia fuera del cuadro para relacionar al espectador con esta visión de éxtasis ultraterrenal.

Rafael representa el rostro de la santa con los ojos elevados hacia esa apertura de gloria,de tal modo que a través de la mirada de Cecilia el espectador puede identificar la procedencia de la música y una parte de su visión celestial. Realmente la divinidad no está presente, sino solo sugerida a través del “coro” de ángeles. La representación de esta experiencia visionaria constituye un hito en este tipo de iconografía, porque de ella se tomará la utilización de los ojos elevados hacia el cielo para conformar un momento de éxtasis.

Muchos compositores se inspiraron en la santa, Händel, Britten, Scarlatti, Gounod, Purcell. Recibió oficialmente el nombramiento de Patrona de la Música en 1594 otorgado por el papa Gregorio XIII.

Su tumba se encuentra en el Trastevere romano, en la Iglesia de Santa Cecilia. En el interior existe un altar esculpido por Stefano Maderno (hacia 1600), que contiene la estatua barroca en mármol de Carrara de Santa Cecilia, con pretiles en los laterales e imágenes de santos. La santa se encuentra en posición yacente, dormida y sin ningún gesto trágico o dramático. Tiene un acabado suave con apariencia de vida.

Miro por última vez el conjunto de las cinco figuras estáticas, que muestran un extremado y sosegado recato en sus expresiones. Está lloviendo.

Las calles tienen brillo de lluvia.

 

Lutieres de Cremona

«El violín es un ser vivo ya que tiene voz, no puede ser tratado brutalmente y da lo mejor de sí cuando no se fuerza su sonoridad»

Yehudi Menuhim

La ciudad de Cremona, en Italia, es conocida como la «cuna del violín» y fue el lugar donde los más afamados fabricantes de violines tenían sus talleres. Esto se debió a que esta ciudad posee en sus cercanías bosques con maderas duras y blandas que los constructores de violines, o lutieres, utilizaban para sus trabajos. Cada lutier, o constructor de instrumentos, tenía su propio taller en el que también trabajarían después sus hijos y nietos además de otros aprendices. Se estilaba que los violines se hicieran por varios lutieres de la misma casa pero quien firmaba el instrumento era el patriarca de la familia.

Entre los lutieres más importantes de Cremona, y que cambiaron la historia de la música, tenemos:

Andrea Amati

Nacido en Cremona, Italia en 1505, se le atribuye la invención del violín ya que introdujo la cuarta cuerda en los instrumentos de cuerda frotada que hasta la época sólo se elaboraban con tres. Los violines de Amati eran más pequeños que los violines modernos y con una sonoridad mucho más reducida. Sus hijos y nietos continuaron con la construcción de instrumentos siendo su nieto, Nicolo Amati quien tuvo reconocidos aprendices como Antonio Stradivari y Andrea Guarneri. Fallece el 26 de diciembre de 1577.

Antonio Stradivari

Antonio Stradivari fue un lutier italiano nacido en 1664 en Cremona, Italia, es es el más conocido entre todos los lutieres en la historia de la música. Formado en el taller de la Casa Amati sus instrumentos se destacaron por sus innovaciones y excelente calidad. A su taller llegaban las embajadas de los reyes de toda Europa a encargarle la construcción de instrumentos, colecciones que se pueden apreciar en el Palacio Real de Madrid y en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Sus instrumentos están firmados con la inscripción “Antonius Stradivarius Cremonensis” por que lo que a sus instrumentos se les conoce como Stradivarius. En la actualidad los grandes solistas tocan con un Stradivarius ya que, con la técnicas actuales se ha podido realizar copias pero ninguna logra emular el sonido que tienen los instrumentos originales fabricados por Antonio Stradivari. Fallece el 18 de diciembre de 1737.

Giuseppe Guarneri

Un 21 de agosto de 1698 nace en Cremona, Italia, el lutier italiano Giuseppe Guarneri. Proveniente de una familia de lutieres, Guarneri pronto se destacó por sus instrumentos que poseen como principal característica un potente sonido. En su época sus violines no fueron muy valorados y cayeron en el olvido, pero tiempo después uno de los violinistas más famosos de la historia, Nicolo Paganini, ayudó a su revalorización con su violín apodado «el cañón» por la potencia de su sonido. Guarneri siempre usaba junto a su firma las letras IHS, que significa Jesus Salvador de los Hombres, y una cruz por lo que a sus instrumentos se les conoce como Guarneri del Gesu. Falleció en Cremona el 17 de octubre de 1744. 

Breve historia de la Orquesta Sinfónica de Venezuela

“La Orquesta Sinfónica de Venezuela es una lenta pero tenaz aventura, ha acercado al pueblo a la música y ha contribuido a la educación musical venezolana en términos imponderables”.    Mariano Picón Salas

La Orquesta Sinfónica de Venezuela, Patrimonio Artístico de la Nación, es la agrupación musical más antigua de nuestro país y de Latinoamérica. Fundada en 1930 por el Maestro Vicente Emilio Sojo, nace con el objetivo de llevar la música orquestal al público venezolano. La OSV ha estrenado la mayoría de las obras de compositores venezolanos e innumerables veces ha realizado la primera audición de las obras clásicas en Venezuela. Ha sido visitada por grandes directores como Wilhelm Furtwangler, Igor Stranvinky, Otto Klemperer, Hector Villa-Lobos, Sergio Celibidache, Carlos Chavez, Antal Dorati y Eduardo Mata quienes junto a solistas como Jascha Heifetz, Yehudi Menuhim, Regino Sainz de la Maza,  Claudio Arrau, Arthur Rubinstein, Joseph Szigeti, Henry Szeryng, Marta Argerich, Yo-Yo Ma y Pablo Casals han encontrado en la Sinfónica un vehículo para expresar con comodidad su lenguaje artístico. En su afán por esparcir la cultura venezolana, la OSV ha llegado más allá de nuestras fronteras llevando un mensaje de afecto a los países que ha visitado entre los que podemos citar: Perú, Colombia, Cuba, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Holanda, Alemania, España, Suiza, Austria, Francia, Portugal, Italia, Rusia y Grecia. En la actualidad la Orquesta Sinfónica de Venezuela, continúa la labor de ofrecer conciertos de la más alta calidad al público venezolano y aspira seguir realizando la loable tarea de divulgación de la música de todos los tiempos en Venezuela.

Bach y sus conciertos para violín

Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao. Años 90. Isabel Camacho

Amo la música de Bach. Me parece algo sublime, cercano a la perfección y un ejemplo de maestría en la música. Si bien el primer compositor famoso de estudio obligado en el violín es Vivaldi, el segundo que hay que dominar es Bach y es por eso que en el repertorio de todo violinista se encuentran los tres conciertos de Bach y sus Sonatas y Partitas para violín sólo.

En Kothen Bach disponia, además de una orquesta notable, de un magnífico primer violín, Joseph Spiess, para el cual se supone que Bach compuso cierto número de conciertos y otras obras solistas. Los tres conciertos para violín que se conservan son los número BWV 1041 en la menor, 1042 en mi mayor y 1043 en re menor para dos violínes solistas. Su fecha de composición debe fijarse durante los años de estancia en Kothen (1717 – 23), sin que sea posible establecerla más en concreto. La concepción general de estos conciertos es la típicamente italiana, o, para ser más exactos, vivaldiana; a pesar de eso estos tres conciertos son eminentemente bachianos.

En la foto me encuentro interpretando el Concierto en re menor para dos violines solistas junto a la Orquesta Juvenil de Chacao, Caracas, por el año 1996. Me hubiera encantado poder contar con la tecnología actual y haber podido grabar ese concierto con calidad profesional para preservarlo para la posteridad.

5 Bach - OyM citas

Fuente | Enciclopedia Salvat «Los Grandes Compositores».

Madame Bovary y Lucia de Lammermoor

“Madame Bovary” es una novela del escritor francés Gustav Flaubert que gracias a su gran habilidad y pericia con la pluma logró atraparme. Esto unido al hecho de que la trama se une con la de una ópera de Donizetti hicieron que escribiera un artículo en mi blog sobre la música que aparece en el libro.

La novela

Madame Bovary

En esta novela se ve reflejada la infelicidad de una mujer, Emma o Madame Bovary, que siempre quiere más, que no se conforma con lo que tiene, pero que a pesar de todo debe mantener las apariencias en una sociedad cerrada donde las cosas con las que ella sueña son prohibidas para cualquier señora respetable. Emma consigue lo quiere: añadirle emoción a su vida, pero a pesar de eso no consigue la felicidad que tanto anhela así como las mujeres que aparecen en los libros de historias romáticas que ha leído en su juventud en las que el principe azul, que salva a la doncella de la desgracia, es una realidad.

Una de esas historias es «La Novia de Lammermoor», escrita por Sir Walter Scott. Ambientada en Escocia esta novela fue adaptada para la ópera, por el compositor italiano Gaetano Donizetti, bajo el nombre «Lucía de Lammermoor» y fue estrenada el 26 de septiembre de 1835 en el Teatro San Carlos de Nápoles en Italia.   En dicha ópera la protagonista, Lucía, perteneciente a la familia de los Ashton se enamora de Edgardo que pertenece a la familia enemiga de los Ravenswood.

En el capítulo 15 de Madame Bovary y su esposo Charles asisten al teatro para ver la ópera «Lucia de Lammermoor» en cuyo personaje principal, el de Lucía, Emma se ve reflejada. Es como si esa historia y los románticos deseos de alcanzar un amor imposible fueran la historia de su propia vida.  

«Se oyeron tres golpes en el escenario: los timbales se pusieron a redoblar, los instrumentos de metal armonizaron sus acordes y por fin el telón se levantó y dejó aldescubierto un paisaje. […]

Emma retrocedió a las lecturas de su juventud, volvía a estar metida de lleno en Walter Scott. Le parecia oír, a través de la neblina, el sonido de las cornamusas escocesas cuyos ecos se alargaban por entre los brezos. Además así, como el recuerdo de la novela la ayudaba a entender el libreto, podía seguir la intriga sin perder frase, mientras que los inapresables pensamientos que se le iban a la mente iban diluyendose, según surgían, en las ráfagas de la música. Se dejaba acunar por el vaivén de la melodía, y toda ella vibraba con su ser en tensión, como si los arcos de los violines le rozaran los nervios. […]

Pero de pronto una mujer joven avanzó y le tiró una bolsa a un escudero vestido de verde. Se quedó sola y se escuchó entonces el sonido de una flauta emitiendo una especie de murmullo como de fuente o de gorjeos de pájaro. Lucía, con ademán decidido, atacó su cavatina en sol mayor, quejandose de amores, pidiendo al cielo que le diera alas. También Emma habría deseado hiur de la vida, esfumarse en un abrazo.»

La ópera

En esta escena de la ópera Lucía de Lammermoor se encuentran Alisa y Lucía en una fuente en la que tiempo atrás un Ravenswood había matado por celos a su esposa y cuyo fantasma se le aparece a Lucía. Alisa le dice que es un mal presagio y que desista de ese amor que le dará días de amargo llanto. Anna Netrebko (en el papel de Lucía) canta la misma cavatina que nombra Flaubert en el libro.

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FLAUBERT, Gustave. «MADAME BOVARY». pp. 256 – 257. Editorial La Oveja Negra. Colombia, 1983.

Imagen | C de cine

Paganini y Vengerov

Compositor italiano y virtuoso del violín. Nació en Génova, Italia, el 27 de octubre de 1782. Comenzó estudiando mandolina con su padre, luego estudió violín y llegó a perfeccionar tanto su técnica que compuso sus propios conciertos, que para la época eran extremadamente difíciles de interpretar. 

En 1813 comienza a hacer giras por Europa, donde su forma de tocar el violín atrajo la atención de quienes le escucharon en Italia, Viena, París y Londres.

En París conoció al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, que, fascinado por su técnica, desarrolló una técnica pianística inspirada en lo que Paganini había hecho con el violín.

Sus conciertos para violín solista y orquesta dan predominancia al virtuosismo del solista, mientras que la orquesta sirve de base armónica sin llegar a opacarlo en ningún momento.

En sus conciertos, que más bien podríamos llamar espectáculos, interpretaba obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas de violín retirando primero las otras tres y llegando a asombrar tanto a los espectadores de su época, que llegaron a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él.  Fallece en Niza el 27 de mayo de 1840.

En el video podemos escuchar el Capricho Nº 24 compuesto por Nicolo Paganini con una interpretación del violinista Maxim Vengerov. Los 24 caprichos de Paganini son piezas escritas para violín sólo con la intención de practicar algún aspecto virtuosístico de la técnica del violín como las dobles cuerdas, los trinos, los armónicos o diversos golpes de arco. En esta grabación Vegerov interpreta esta obra de Paganini en vivo y de forma magistral frente a una emocionada audiencia.

Así como Paganini deslumbró al público de su época, Maxim Vengerov a conseguido ovaciones de pie en todos sus conciertos es considerado uno de los mejores violinistas de la actualidad pudiendo decirse que es el Paganini de nuestra época. En 2016 el comentarista musical Ricardo Rozental escribió una breve biografía de este virtuoso del violín que viene bien como complemento a este artículo.

El violinista Maxim Vengerov nació en Siberia en 1974. Su padre era oboísta en la orquesta de Novosibirsk y su madre dirigía un coro conformado hasta por quinientos huérfanos. Maxim tomó el violín antes de cumplir 5 años y ella se entregó a las demandas de su talentoso hijo. A los 10, Vengerov ya tocaba al lado de orquestas importantes, a los 12 interpretaba el concierto para violín de Tchaikovsky y pronto comenzó a ganar concursos internacionales. Su viaje a Moscú le cambió su perspectiva provinciana; luego fue a Polonia y desde entonces buscó fronteras más distantes. Siguió estudiando, viajó a Londres al Royal College of Music, trabó amistad con Rostropovich quien, además de chelista, se desempeñaba como director de orquesta. Se encariñó con Barenboim y entre ellos surgió una sólida y duradera amistad. Emigró a Israel y prestó su servicio militar. Volvió a las obras fundamentales en el repertorio del violín como el mencionado concierto de Tchaikovsky y a los 24 años parecía ser el violinista más solicitado del mundo. […] Alguna comentarista inglesa opina que Vengerov es el violinista más grandioso de nuestro tiempo, augura siglos de admiración y disfrute y expresa su confianza en que será otra leyenda entre los violinistas al lado de Paganini, Joachim y Kreisler. La musicalidad de Vengerov lo ha llevado a actuar como solista al lado del más ocupado director ruso de la actualidad, Valery Gergiev, quien también lo ha llamado para que dirija su orquesta petersburguesa. Según Vengerov, su sonido actual es mucho más rico, más redondo y lleno como resultado de haberse ejercitado con la viola. Su instrumento es el Stradivarius que perteneció a Kreutzer, el mismo que, sin ejecutarla nunca, dio su nombre a la célebre sonata para violín y piano de Beethoven.

Fuente | Enciclopedia Salvat Los Grandes Temas de la Música.

Foto-arte digital | Paganini. Dibujo realizado por J. A. D. Ingres, 1819. Intervenido por Isabel Camacho, 2019.

Actualizado en noviembre de 2018.

Beethoven y La Naranja Mecánica

La película La naranja mecánica del director estadounidense Stanley Kubrick narra las fechorías de Alex DeLarge, un joven delincuente, jefe de la pandilla Los Drugos, a quien le apasiona la violencia desmedida y la música de Beethoven.

La película está basada en una novela del mismo nombre del escritor y músico inglés Anthony Burgess quien recreó un incidente de la vida real en el que él y su esposa fueron atacados por una pandilla de delincuentes en 1944 durante la Segunda Guerra mundial.

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De este hecho y de las reflexiones sobre la moral y la libertad de escoger entre el bien y el mal surgió en 1962 la novela que llegaría a ser su obra más conocida gracias a la película de Kubrick. En una entrevista Burgess dice que la principal reflexión de su libro es analizar si lo que la sociedad ofrece a los jóvenes es suficiente: «La juventud, no pudiendo construir, destruye».

Durante la filmación de la película Kubrick, quien era conocido por su afán de perfección, repetía las escenas decenas de veces sin estar satisfecho con ninguna toma. Se cuenta que la escena de la violación que comete la pandilla rival de Billy Boy al principio, tuvo tantas tomas y fue tan dura para la actriz contratada que abandonó el rodaje y tuvieron que buscar otra chica. O que el culturista David Prowse, que luego interpretaría a Darth Vader en «La Guerra de las Galaxias» de 1977, tuvo que repetir 30 veces la escena en la que lleva en brazos al escritor en su silla de ruedas.

La banda sonora de la película está repleta de música clásica. Una de las escenas que muestran la contradictoria vida del protagonista es la que, después de llegar de una de sus sesiones de ultraviolencia, Alex se relaja en su habitación escuchando la Novena sinfonía de Beethoven. Ese choque entre dos fuerzas antagónicas, entre la elegancia de la música clásica y la violencia viciosa del protagonista se repite a todo lo largo de la película y suaviza un poco la crueldad de las escenas.  La naranja mecánica cuenta además con música de la compositora Wendy Carlos que para 1971, fecha del estreno de la película, tenía varios años experimentando con instrumentos electrónicos como reemplazo de los instrumentos acústicos para la música clásica y quien ya había producido los discos Switched-On Bach y The Well-Tempered Synthesizer en los que reproduce música de Bach con sintetizadores, originalmente para órgano y clavecín.