Armando Reverón

Armando Reverón es considerado uno de los máximos representantes de la pintura venezolana del siglo XX. Nace el 10 de mayo 1889 y en su honor el día del artista plástico venezolano se celebra ese día. Reverón es el perfecto ejemplo de la simbiosis entre genio artístico y locura. Esta unión de factores en Reverón produjo como efecto una obsesión por la búsqueda de la perfección que se vio manifestada en la innumerable cantidad de cuadros realizados además de los objetos creados para que sirvieran de modelo para tal fin. Influenciado por el impresionismo francés, la obra de Reverón capta esa luz enceguecedora del Caribe en los paisajes marinos que pinta en lienzos y bastidores que él mismo confecciona.

El mundo lúdico y artístico de Reveron fue expuesto en la Galería de Arte Nacional en 2007 agrupando una serie de objetos y cuadros creados por el artista además de fotografías tomadas en el desaparecido Castillete en La Guaira. Estos objetos estivieron incluidos una la exposición que se hizo en el Museo de Arte Moderno de Neva York y que ha sido una de las exposiciones más importantes que se han hecho sobre un artista venezolano en el exterior.

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“Y Reverón juega para ser puro. Sí, como los niños que nunca son adultos o como los adultos que siempre llevan consigo el mensaje puro y nostálgico de la primera edad, el pintor era un personaje para el cual el juego tenía singularísima importancia. En el caso de Reverón se aprecia la circunstancia de que en esta época y en todas las que vendrán en el futuro, surgirán juegos o entretenimientos que a la larga le permitirán la captación de nuevas vivencias estéticas. La construcción de objetos para su original mundo, es quizá el juego que más tiempo le consume. Pero es tiempo ganado.

El tiempo que aparentemente perderá en la construcción de un piano de cartón o unas muñecas de trapo, es tiempo que más adelante ganará a través de la transmutación de valores que se observa en su comportamiento. En su constante deseo de jugar y construir  un mundo de objetos personales, fué confeccionando con sus propias manos diferentes utensilios. Al construir todos estos objetos Reverón  mantiene un carácter. Aunque son objetos que, como tales, la mayor parte de las veces no tienen utilidad práctica, sucede sin embargo que en el campo mágico del mundo de Reverón significan importantes hallazgos”.

Armando Reverón nació en Caracas el 10 de mayo de 1889. Hizo primeras letras en Valencia y en 1908 entró a la Academia de Bellas Artes de Caracas, de la cual egresó en 1911 para dirigirse a España. Aquí estudió en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y en la Academia San Fernando, Madrid. En 1914 pasó seis meses en el norte de Francia y en París, donde tomó contacto con la pintura impresionista. Regresó a Caracas en 1915, para intervenir informalmente en las actividades del Círculo de Bellas Artes, del cual se le considera un representante. En 1919 conoció a Nicolás Ferdinandov, pintor ruso de paso por Venezuela, quien tuvo notable influencia sobre él. Aconsejado por Ferdinandov, Reverón se estableció en Macuto, donde en 1923 comenzó a construir El Castillete, su morada y taller para el resto de su vida. Falleció en mayo de 1954. De su obra se realizaron exposiciones individuales en la Academia de Bellas Artes en 1911 y 1920 y en la UCV, 1921 (con Brandt, Monsanto y el propio Ferdinandov, organizador del evento); Taller Libre de Arte, 1949; Centro Venezolano Americano, 1951; MBA (retrospectiva), 1955. Póstumamente se le han consagrado retrospectivas en el MACC, 1979 y 1989; GAN, 1989 y Museo Reina Sofía, Madrid, 1991. Obtuvo Premio Distinción Sobresaliente en el Concurso de Fin de Año de la Academia de Bellas Artes, 1911; Premio John Boulton en el Salón Oficial de Arte Venezolano, 1948. En 1953 recibió el Premio Oficial de Pintura del mismo Salón.

SANTANA, Emilio. “ARMANDO REVERÓN”. pp 98 – 99. Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes. Caracas, Venezuela. 1967

Foto – arte digital | Armando Reverón con pumpá. Fotografía original de Victoriano de Los Ríos, 1954. Intervenida por Isabel Camacho, 2019.

Arte y locura

Comparto este texto que amablemente me facilitó el Maestro venezolano Esteban Castillo:

ARTE Y LOCURA
Cuando en 1864, Cesare Lombroso (Francia 1835-1909) publicó la obra “ Genio y locura”, analizaba la relación entre los artistas, sus creaciones y las enfermedades mentales, en ella, Lombroso asocia, arte, criminalidad y locura. Al comienzo del siglo XX, (1922) el psiquiatra Hans Prinzhorn, en Paris, va a estudiar en el psiquiátrico, los dibujos y pinturas que los enfermos mentales realizaban en el Hospital Sainte Ana. Estos documentos nos muestran unas obras llenas de fantasmas. Las pinturas y dibujos realizados en plena crisis paranoica o esquizofrénica; el “artista” no sigue una línea de evolución plástica y la imagen esta relacionada con sus conflictos internos. Varias décadas después, artistas como Paul Klee et Jean Dubuffet se interesaron por estudiar estas “obras.” Sigmund Freud (1856-1939) analizó algunas obras, pinturas y esculturas, pero él mismo manifestó que no conocía mucho de arte y, más bien partió de los temas tratando o analizando el tema escogido por el artista. Algunos movimientos artísticos se nutrieron del psicoanálisis, sobre todo el Dadaísmo y el Surrealismo, ya que los artistas reflejaban lo onírico y trataban de plasmar imágenes del subconsciente mediante la asociación libre. Pero no podemos negarlo, en diferentes épocas han existido artistas que han pasado por estados sicóticos por ejemplo: Goya, Van Gogh, Reverón y otros. A pesar de que Van Gogh realizó sus obras entre los años 1880 a 1890, y Reverón entre los años 1908 a 1954, los une su gran deseo de expresarse a pesar de los problemas económicos y de los trastornos sicóticos.

En Venezuela, cuando hablamos de locura y arte, la imagen que se nos viene inmediatamente es Armando Reverón (1884-1954) ¿Pero hasta dónde tiene que ver la esquizofrenia o la paranoia con el arte? Cuando vemos la obra de Vicent Van Gogh (1853-1890) y observamos con detenimiento sus comienzos, por Ejem: “Los comedores de papas”, los retratos que hizo de “ Le Pere Tanguy”, los paisajes, esos maravillosos “Girasoles” pintados para recibir a su amigo Paul Gauguin, en Arles, Francia, encontramos un gran conocimiento de un artista que desarrolla su obra con un gran frenesí y consciente de su evolución. Ese “ loco,” el loco de “La casa amarilla” como era apodado el lugar donde vivía. Conocedor del arte, había trabajado en Londres en la galería Goupil como vendedor de cuadros, hablaba francés, alemán, holandés e inglés y era un gran lector y escritor. Sus cartas con su hermano Theo, son documentos vivenciales donde le manifiesta sus logros en sus cuadros. Hace comentarios sobre los libros que está leyendo, que dan prueba de una gran sensibilidad; en algunas de ellas habla de sus estados anímicos. Pero la vida que había llevado tratando de decir las cosas de “otra manera,” y habiendo fracasado en otras actividades entre ellas la de pastor protestante, habiendo sido un frustrado en el amor, como marchand de arte, el excesivo vino y café; fumaba mucho y comía poco; todo ese entorno lo va llevando a un gran desequilibrio. En los últimos años fueron de grandes crisis. Es el momento que se corta la oreja para enviársela de regalo a una prostituta. ¿Pero es qué Van Gogh trabajaba en los momentos de crisis?.. No.. Al arte no le gusta la locura, y esos estados bipolares, se dividen entre creatividad y crisis. La vida de Van Gogh está llena de historias y los psiquiatras no se han puesto de acuerdo sobre la enfermedad mental que padecía.

Aquí en Venezuela hemos hablado mucho de la locura de Reverón. Cuando seguimos el camino trazado por Reverón desde la Época Azul, influenciado por Nicolás Ferdinandov, en las obras “Procesión” o “La cueva”, se nota un acercamiento al impresionismo. Las obras de la Etapa Blanca llena de luz y con apenas unas pinceladas de blanco nos muestran el sol tropical, vemos las palmeras y sentimos casi el oleaje, pero, sin ser una copia de la naturaleza. Ese mundo que Reverón comparte con Juanita y su mono Pancho, sus muñecas, sus pinceles, sus telas, sus colores, en ese entorno que él mismo ha construido, esos objetos llenos de una gran frescura casi infantil, donde nos insinúa, un piano, una pajarera, un acordeón… Pero de repente aparecen crisis esquizoide, y tiene que recurrir a la clínica. En la Etapa Blanca llena de fuerza, no hay fantasmas de un enfermo mental plasmado en la tela. La Etapa Sepia, donde en algunos cuadros aparece acostado en la hamaca y al lado Juanita, es una obra coherente, cada pincelada está puesta en su lugar, no se ve ningún reflejo de locura en esos trazos. Hay una evolución constante en su obra. En el año 1954 fue llevado a la clínica, un médico que se ocupó de él lo atiende y le ofrece lápices y papel para que dibuje, y él respondió: “Ahorita no puedo pintar”, “Ahorita, tenemos que hablar” después de dialogar un poco pudo dibujar el jardín del hospital y realizó retratos de algunos pacientes.

Es verdad, tiene que haber locura, amor y pasión para hacer Arte, pero el “arte” de los enfermos mentales es totalmente diferente y al curarse no pintan más, y la “locura” de pintar no se cura, se desarrolla y evoluciona hacia formas cada vez más libres y puras. A pesar de que estas obras están hechas por artistas que sufren de trastornos mentales, sus obras reflejan una búsqueda plástica y se nota una evolución en ellas. Hoy hablamos de bipolaridad y hay medicamentos que pueden curar los trastornos mentales sin afectar la creatividad. Felizmente estos artistas en momentos de lucidez realizaron obras maravillosas, como esos azules, blancos y sepias de Reverón en sus paisajes y figuras, y esos amarillos y muchos colores de Van Gogh en los paisajes, retratos y en “Los Girasoles”…Van Gogh pintando en el mediodía francés, en el pueblo de Arles, trabajando y viviendo en “La casa amarilla” y Reverón en su “Castillete”en Macuto, produciendo su obra.

Fui al Castillete en la década de los 60 y conocí a Juanita, quien me dijo: “No tengo nada que vender,” y yo le contesté: “Que lo que quería era visitar El Castillete,” me sentí regocijado de pasearme un poco en ese lugar lleno de historias y de creatividad. Años después me di una vuelta por Arles (Francia) y caminé por las calles que una vez sintieron sus pisadas, y vieron pasar al pelirrojo Vincent Van Gogh. La verdad es que eran locos, pero de una gran lucidez.

Ahí están sus obras y hoy cuando nos acercamos y las admiramos, comprendemos mejor sus formas de pintar. Hemos madurado visualmente. Hoy podemos descifrar o entender esos códigos, esas escrituras, esos colores, esas pinceladas que no comprendíamos años atrás. Hoy podemos ver “Los Girasoles,” antes eran “manchas” de colores. El público de esa época estaba acostumbrado a una pintura marrón y oscura. Tanto uno, como el otro adelantaron su tiempo. Los impresionistas y post impresionistas aportaron la luz, Armando Reverón, y Vincent Van Gogh fueron más allá de la búsqueda de la luz.

¿Entonces fueron locos o visionarios?, pero no todos los locos llegan a utilizar el pincel y los colores para expresarse, ni todos los pintores sufren de trastornos sicóticos… porque el Arte y la locura en algunos artistas andan por caminos diferentes, y que me perdone Cesare Lombroso.”

Esteban Castillo.