Comenzar a estudiar violín de adulto, ¿puedo llegar a ser violinista profesional?

estudiar violin adulto - oleos y musicaEl objetivo de compartir este artículo es informar la diferencia entre comenzar el estudio del violín siendo niño pero sin desanimar a quienes quieren comenzar a estudiar siendo adultos. El violín es un instrumento cuya práctica trae muchas satisfacciones y comenzar a estudiarlo de adulto puede tener otras ventajas. Si ya practicas el violín tal vez te interese leer algunos hábitos para facilitar la práctica diaria en Adquiriendo el hábito de practicar un instrumento musical.

Sentir impotencia es probablemente la cosa más denigrante que un ser humano puede experimentar. En consecuencia, antes de que una persona adulta – digamos con más de 18 años – se decida a seguir el íntimo deseo de aprender a tocar un instrumento, y en particular aprender violín (o  viola), unas cuantas cosas deberían ser aclaradas, para evitar precisamente esto: ese sentimiento de impotencia cuando uno se ve obligado a decidir, después de un año o dos, si hay que abandonar el intento.

Permítanme proceder gradualmente, con paciencia, para definir el asunto. Las estadísticas muestran que casi todos los violinistas famosos empezaron a estudiar el instrumento a temprana edad: alrededor de 5-6 años, y aún antes. Un adulto dirá: no pretendo ser célebre, quiero solamente tocar una melodías y tal vez entrar en una orquesta de aficionados. ¡Perfectamente plausible! Pero aún así, no debe subestimarse el resultado de esas estadísticas que nos dicen, en resumidas cuentas, que llegar a tocar el violín resulta más fácil si se empieza a temprana edad. Y, en consecuencia, que la cosa se pone más difícil a medida que pasa el tiempo y  uno envejece.

¿Por qué es esto así? Es precisamente esto lo que quiero explicar en estas líneas. Estoy convencido de que es importante saber por qué, ya que siempre puede haber una excepción a la regla, y si el lector está convencido, a pesar de todo, que él, ella o un alumno en ciernes son capaces de superar el handicap de empezar tarde, entonces -por qué no- hay que darle una oportunidad al intento.

Yo tengo alumnos adultos, novatos, que proceden de varias actividades musicales: cantantes, pianistas, guitarristas, bailarines, y también neófitos totales. Éstos últimos probablemente son más fáciles de manejar, porque sus expectativas son menores, y tienen más paciencia hacia el primer objetivo, que consiste en poder tocar una melodía sencilla de forma afinada. Pero el problema básico es el mismo, y lo malo es que poco y nada tiene que ver con música. Tiene que ver con los músculos del cuerpo, psicología, neurología, memoria táctil, relajamiento, paciencia, perseverancia, arrojo, y de nuevo paciencia.

Es un hecho bien conocido que tocar el violín es una de las tareas más  exigentes que el “homo sapiens” se ha propuesto a dominar. El instrumento mismo, inventado por una persona que debió tener un conocimiento profundo e íntimo del cuerpo humano -hay indicios de que fuera Leonardo da Vinci, pero faltan pruebas para afirmarlo- presupone una postura que, a primera vista, es diferente de todas las otras posturas que el ser humano adopta para realizar sus múltiples actividades. Cualquier persona puede probar elevar su brazo izquierdo, con un ángulo de aproximadamente 60º en el codo, y sin que el antebrazo toque el torso. ¿Cuánto tiempo aguanta Ud. esto sin cansarse?

Pues bien, los violinistas hacen eso por horas, y no deben cansarse. ¿Y por qué no se cansan? Porque, si se hace esto  durante algún tiempo todos los días, desde temprana edad, los músculos se desarrollan y convierten esto en una postura natural. Lo malo es, que si esto no se convierte en algo habitual y cotidiano, los hombros se tensan, y entonces realmente tendremos serias dificultades.

Yo estimo que el 95% de todos los defectos de los que aprenden el violín proviene de hombros tiesos. Es fácil demostrar por qué. Levante cualquiera de sus brazos, con un ángulo en la región del codo, y comience a agitar su muñeca, como si quisiera decir adiós, pero con las palmas para arriba. Ahora tense sus hombros y, inmediatamente, las muñecas se endurecen y la moción del adiós se convierte en algo duro, forzado. Esto demuestra que hombros sueltos y muñecas sueltas son la misma cosa, y ya que el violín se toca con dedos igualmente sueltos, éstos lo serán solamente si la muñeca lo es también (también es fácil poner esto a prueba).

Hemos descrito todo este camino para entender porqué el cuerpo y ciertos músculos constituyen las herramientas básicas de cuyas buenas condiciones dependen resultados satisfactorios.

Pero, esto es apenas uno de los aspectos. Miremos los ángulos psicológicos y  neurológicos. Para empezar, hay que superar la simetría que tenemos instalada en nuestro cerebro. El ser humano tiende a querer hacer lo mismo con ambos pies, o sus dos manos, o ser activo con apenas una mano y descansar la otra (por ello está prohibido manejar un coche y hablar simultáneamente por el teléfono móvil). Para poder hacer cosas diferentes simultáneamente con ambas manos hace falta entrenamiento. Y para hacer cosas diferentes y difíciles simultáneamente con ambas manos hace falta un entrenamiento intensivo y prolongado.

O, para ir aproximándonos al asunto desde otra perspectiva, la habilidad de coordinar las notas que se tocan sobre el violín con la izquierda, y de tirar el arco con la derecha, representa para nuestro cerebro un esfuerzo considerable, lo que implica ejercicios complicados, precisamente para desarrollar esta comprensión y -además indispensable- para lograr eventualmente su total automatización. Es vital que esto sea así porque – y aquí tocamos otro punto álgido- se supone que toquemos con facilidad, sin un esfuerzo consciente, precisamente para poder expresar libremente nuestros sentimientos para  llegar a la meta original: hacer música con el violín.

Agarrar el arco correctamente – para lograr usarlo de forma adecuada – es otro problema mayor. El pulgar se convierte en el dedo más importante de la mano derecha. Debe doblarse en la articulación más cercana de las uñas, y su nudillo no debe sobresalir, porque si lo hace el pulgar se acorta. La punta del pulgar  debe formar un anillo con el dedo cordial, más o menos cerca de la articulación vecina a la uña, y este punto de contacto se convierte en una articulación universal, con el arco metido entre ambos dedos. Pruebe mantener un arco horizontalmente, con estos dos dedos cerca del talón, y verá lo difícil que es esto. Requiere mucha destreza hacerlo sin que los nudillos salgan. Sería muy largo explicar aquí la función de los otros tres dedos que se apoyan sobre el arco.

Resumamos diciendo que las señales que vuelven (feedback) a través de las vibraciones del arco a los nervios que tenemos en el índice, anular y meñique, se transmiten directamente a nuestro cerebro, que debe haber sido entrenado a interpretar este tipo de mensaje para instruir a los dedos de ejercer mayor o menos presión a fin de obtener la sonoridad o calidad de sonido deseada. Este feedback es tan sutil que sería difícil de medirlo si nos lo propusiéramos -la sensibilidad de la superficie de nuestros dedos es casi milagrosamente intensa, pero esto funciona solamente si la postura de la mano es correcta, suelta, sin obstáculos. Y con eso volvemos a la muñeca, a los hombros, a nuestra capacidad de relajarnos, a nuestra manera natural de pretender hacer música con el violín o la viola.

Hay otro asunto: se aprende el violín parado -no sentado. ¿Por qué? Pues para que sea algo más fácil relajar los hombros y también para asegurar que nuestra espina dorsal no esté indebidamente curvada. Pero esto no quita que cansa estar parado hora tras hora, a medida que uno envejece. Además se supone que  se tengan las rodillas ligeramente dobladas, que la postura sea natural para nuestro espinazo, y que sepamos  girar nuestro torso en ambas direcciones sin mover los pies. Y me abstendré, a propósito, de describir lo que significa tener el violín “enchufado” bajo el mentón: los cuellos varían en tamaño, y cada caso debe resolverse individualmente, para no cansar las cervicales, los dientes, o la mandíbula.

Después de divagar largamente sobre nuestro cuerpo, aún no hemos hablado del órgano más indispensable: nuestro oído. Pues, por raro que parezca, toda persona que canta de manera afinada, que puede repetir una nota dada sin titubear, y que puede recordar una melodía en ritmo correcto, es capacitada para aprender un  instrumento si no fuera, en el caso del violín y viola, por los obstáculos precedentes.

En ese contexto hay un detalle que a los profesores de violín o viola nos asombra una y otra vez: el hecho de que la torpeza física es capaz de anular hasta el oído más entrenado. Cancela la percepción del alumno e impone que erre notas desafinadas. Lo que nos vuelve una vez más al mismo sitio de antes: destreza es absolutamente necesaria, y por ello es en esa dirección que debemos concentrarnos cuando tratamos con novatos adultos. Sin duda esto hallará resistencia: ¡Qué aburrido! ¡Qué lata! ¿Por qué no puedo entretenerme con unas melodías?

Es, por todo esto, indispensable confrontar a los candidatos adultos con todos estos problemas, antes de empezar. Si han entendido lo que significa el aprendizaje del violín, su actitud será más resueltamente decidida hacia la superación de los obstáculos, y entonces puede haber alguna remota posibilidad que la meta de tocar una sencilla melodía de manera afinada y con una calidad sonora discreta pueda ser alcanzada en, digamos, un año y medio.

El camino es totalmente diferente con un niño: debe divertirse, aún si suena a truenos. Precisamente, la gente adulta es más exigente, quieren obtener satisfacciones y no sufrir frustraciones, y por ello es mejor tratar el problema como si de gimnasia se tratara. Entrenar al cuerpo y los músculos involucrados, con ejercicios físicos (por ejemplo Sevcik) y explicarles que este es el camino más rápido hacia la meta  deseada. ¡Porque resulta que eso es la verdad!

Quisiera relatarles mis propios resultados, después de más de un año de trabajo con novatos adultos: La cantante no consiguió relajarse: Fracaso. La pianista va bastante bien, después de aprender que los dedos no deben seguir presionando, como es en el piano. Prometedor.
El guitarrista aún no puede soltar sus dedos de la mano izquierda lo suficientemente para adquirir agilidad, lo que también significa entonación deficiente: Difícil pero no imposible.

La bailarina -por raro que parezca- tiene problemas de relajar todo el cuerpo, con las consecuencias resultantes. Los bailarines necesitan una disciplina extrema, y abandonarse sin control  no les resulta fácil. Esto se ha de superar en su debido tiempo. Pero -y esto es un gran “pero”- ninguno de  ellos será jamás un profesional -esto está fuera de cuestión. Tocarán cosas sencillas, pero adquirirán conocimientos, que les serán útiles en sus carreras profesionales. En cuanto a los neófitos, yo diría que las probabilidades de adquirir una destreza modesta son 90:10 en contra. Pero como siempre existen excepciones, nadie debería ser  eliminado “a priori” -por si acaso. Si después de un año no se han hecho avances significativos, entonces sería bastante injusto crear falsas expectativas.

Una palabra respecto a niños/niñas menores de 10 años, o jóvenes menores de 18: si se detecta un talento genuino, la cosa debe ponerse a prueba de todas maneras. Hay gente que toca muy bien y  que empezó después de los 10 años de edad. Tuve hace años un alumno de viola que inició estudios serios en la viola después del bachillerato, y le fue muy bien. Pero él se concentró en el instrumento por varios años, no haciendo nada más que eso. Aún así, yo considero este caso como algo excepcional.

Dado que la variedad en la especie humana es infinita, no se pueden establecer reglas rígidas. Si una persona es feliz tocando -aún cuando suene a truenos- dejémosla ser feliz y ayudémosla a superarse gradualmente. Una consecuencia positiva de alumnos que empiezan tarde en la vida es que se dan cuenta de los obstáculos que deben vencer, y si tienen hijos, harán lo necesario para que éstos empiecen más temprano. Y esto es eminentemente positivo.

Aquellos violinistas o violistas que han aprendido a tocar razonablemente bien a pesar de haber comenzado tarde, seguramente no serán muy felices cuando lean esta historia. Pero, mano sobre el corazón, ¿no empezarían todos ellos antes si tuvieran nuevamente la ocasión de hacerlo? Y si este punto es afirmativo, entonces todo el mundo – y especialmente padres – debería estar atento a posibles talentos de los niños, haciéndoles comenzar con el instrumento a temprana edad, y cuanto antes, mejor.

Si este mensaje convence, se justifica este artículo y mi consciencia estará tranquila.”

Juan Krakenberger.

 

Vía | musicaclasicaymusicos.com

Anuncios