Shakespeare y Velázquez

William Shakespeare, nacido en Reino Unido en 1564 y considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos, y Diego Velázquez, nacido en 1599 y una de las figuras más importantes de la pintura española podrían tener algo más en común que su amor por el arte.

Si bien ambos son artistas muy influyentes en sus respectivas disciplinas, comparten una conexión que no notamos a simple vista pero que se puede apreciar en sus obras. Para examinar ese punto común se tomará como ejemplo una obra de relevancia de cada uno de estos autores: La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca de Shakespeare y Las Meninas de Velázquez.

La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca es una de las obras más conocidas de William Shakespeare que nos hace reflexionar sobre temas como la moralidad, el incesto y la duda. Después de la muerte de su padre, Hamlet finge demencia y duda sobre si debe vengarse de su tío Claudio -usurpador del trono y asesino de su padre- lo que conlleva a males mayores y a que mueran otros inocentes, como el chambelán de la corte Polonio y Ofelia su hija, a quien Hamlet profesaba su amor.

HAMLET:

– Te lo ruego, di el fragmento como te lo he recitado, con soltura de lengua. Mas si voceas, como hacen tantos cómicos, me dará igual que mis versos los diga el pregonero.

William Shakespeare

Uno de los pasajes más interesantes que tiene la obra es cuando podemos conocer la opinión del propio Shakespeare sobre las características de una buena actuación. Esto ocurre cuando el grupo de actores llega a Elsinor y Hamlet idea un plan para descubrir si su tío realmente es el asesino mediante una obra de teatro. En esa escena Shakespeare -a través de Hamlet- indica que un buen actor debe recitar los textos “con soltura de lengua”, utilizar movimientos mesurados adecuados a las palabras, siempre y cuando no sean en exceso naturales (ya que dejaría de ser una actuación) y que se debe valorar más la opinión de un sólo espectador entendido que la de un teatro lleno de gente ignorante.

Esta escena, en la que el pensamiento del dramaturgo se cuela por medio de sus personajes, hace recordar – salvando las distancias – al cuadro Las Meninas de Diego Velasquez. Si bien fue pintado aproximadamente cinco décadas después de Hamlet, ambas obras muestran escenas de un suceso aparentemente casual, un instante, pero por donde se cuela la voz del autor.

Las Meninas – Diego Velázquez

En las Meninas, Diego Velázquez muestra un dominio perfecto de la imitación objetiva de la realidad, una gran dominio de la luz y una composición que parece predecir la fotografía. Esta obra ha pasado a la historia por los diversos planos que son representados en ella, cosa que era una novedad para la época.

Destacan en un primer plano la Infanta Margarita acompañada por dos damas de honor y dos enanos de la corte que servían de bufones. En un segundo plano, a la derecha, los cuidadores de las niñas y a la izquierda el mismo Diego Velázquez en sus funciones como pintor de la corte. Al fondo, un personaje entra -o sale- de la habitación y en la pared se puede ver un tercer plano con el reflejo de los rostros de los reyes de España que son quienes están siendo retratados por Velázquez. Ernst Gombrich sugiere que tal vez los reyes invitaron a la infanta y sus acompañantes a esa habitación para contrarrestar el aburrimiento de las horas de inmovilidad que debían pasar mientras posaban para el cuadro.

Habiendo tenido un acercamiento a estas dos obras se puede notar que en Hamlet, Shakespeare se representa a sí mismo a través del personaje del príncipe Hamlet que ha escrito una obra para que los actores la interpreten; mientras que Velázquez muestra su rostro en el cuadro y su posición social en la corte: se ubica cerca de la familia real, pero a un lado de la obra, detrás del lienzo y con la infanta Margarita como figura principal. Otra semejanza entre ambas obras es que Shakespeare da un ejemplo de parateatralidad con la representación de una obra de teatro dentro de una obra de teatro, mientras que Velásquez muestra la escena del pintor haciendo un cuadro dentro de un cuadro.

En ambas obras podemos apreciar un deseo del artista de ser más protagónico y de participar también en su obra, alejándose de la figura del artesano anónimo a la que habían estado supeditados los artistas en siglos anteriores. Si bien la presencia de Velásquez está más definida en el cuadro que la de Shakespeare, en ambos existe la idea de plasmarse a sí mismos a través de su arte.

Referencias

GOMBRICH, E., (1995). Historia del arte. Mexico. Editorial Diana.

D’AMICO, S., (1961). Historia Del Teatro Dramatico. Mexico: U.T.E.H.A.

Imágenes: Wikipedia.