Andy Warhol

Grabando Tchaikovsky

Pyotr Ilyich Tchaikovsky es uno de los compositores rusos más destacados del siglo XIX. Nació en Votkins en la zona de los Urales, Rusia, en 1840. Siendo muy joven se trasladó a San Petersburgo para estudiar derecho. Es en dicha ciudad donde comienza a perfeccionar sus conocimientos musicales, adquiridos durante la niñez, en el Conservatorio de San Petersburgo.

Una figura importante en la vida de Tchaikovsky fue Nadia von Meck, empresaria rusa muy adinerada, amante de las artes y quien fue mecenas de Tchaikovsky durante 14 años. Este período de tranquilidad económica se tradujo en la creación de una gran cantidad de obras que destacan por sus bien elaboradas orquestaciones y sus hermosas melodías, por lo que no es de extrañar que sean sus obras más conocidas.

Es en este período cuando escribe la Serenata para Cuerdas escrita pensando en una agrupación musical conformada por primeros y segundos violines, violas, violoncellos y contrabajo y cuyo primer movimiento podemos apreciar en el video. En esta oportunidad tuvimos la oportunidad de trabajar con el director Juan Vicente Zerpa quien supo guiar a los músicos de SkyNote Strings para obtener un sonido cálido y homogéneo.

Este video fue grabado en Rock & Folk por el ingeniero de grabación Dave Perez y fue mezclado y masterizado por Justo Morao en SkyNote Studio. La filmación y edición estuvo a cargo de Eduardo “Chivo” Jimenez. Esta producción fue realizada para una presentación especial del joven director.

Fuentes | skynotestudio.com | elpoderdelapalabra.com

“Solitud” de Linda Briceño

Hace unos meses compartía por aquí una de las sesiones de grabación que tuvimos con el equipo de músicos que me acompañan y apoyan en todos mis proyectos. En esa oportunidad mostré un breve momento de la grabación que hicimos para Linda Briceño y que hoy tengo el agrado de compartir ya terminada.

Se trata de “Solitud”, un corto animado que refleja la historia personal de Linda. La historia de una joven músico que debe emigrar a raíz de diferentes sucesos en su natal Venezuela. Es así como emprender un largo viaje en el cual supera muchos obstáculos, pero donde consigue también personas que le tienden la mano y le abren las puertas.

Compositora, trompetista, productora y cantante, Linda Briceño es uno de los jóvenes talentos venezolanos más destacados de su generación, la primera mujer ganadora en la categoría “Productor del Año” de los Latin Grammy Awards, en la 19ª entrega el pasado 2018.

Otro venezolano que participa en la música es Justo Morao, experimentado arreglista y productor quien, por invitación de Briceño, escribió el arreglo de cuerdas que, junto con los demás instrumentos, sirve de telón de fondo para destacar la trompeta como instrumento solista. Para la ocasión, Morao jugó con las texturas armónicas, fusionando estilos clásicos y modernos del jazz y el Latin jazz.

Ficha técnica:
Dirigido por Linda Briceño
Productora: Yelitza Gonzalez
Música original: Linda Briceño
Productores asociados: German Landaeta, Helen Nwosu, Yuleima Gonzalez Guión: Linda Briceño, Yelitza Gonzalez
Dirección de arte: Tamara Hadeed
Head of Story: Yelitza Gonzalez, Tamara Hadeed
Storyboard: Alejandro Gonzalez, Tamara Hadeed
Animación Frame by Frame: Tamara Hadeed
Background Composition: Alejandro Gonzalez, Tamara Hadeed
Backgroun Color: Tamara Hadeed
Editor: Alejandro Gonzalez
Supervisor de efectos: Alejandro Gonzalez Ingenieros de Grabación: Ignacio Lecumberri y Alfonso Ordoñez
Mezcla y mastering: German Landaeta
Trompeta: Linda Briceño
Saxo: Roxy Coss
Piano: Kemuel Roig
Batería: Hilario Bell
Guitarra: Jordan Peters
Bajo: Diego Paredes
Percusión: Patricio “Chino” Díaz y Juan Diego
Arreglo de cuerdas: Justo Morao
Cuerdas: – Violines – Gerardo Leal, Victoria Navarro, Isabel Camacho, Jose Daniel Ponce, Jose “Yako” Dominguez | – Viola – Heidy Roa | – Cello – Valmore Nieves. Grabación de las cuerdas: Justo Morao en SkyNote Studio


Arte y cotidianidad

Ya han pasado 12 años desde que escribí el primer artículo de esta bitácora personal Vivir del cuento o el arte como forma de vida. En dicho artículo escribí, desde una óptica muy personal, cómo la vida del artista suele ser malinterpretada como una vida fácil. Por el contrario este artículo tiene una perspectiva diferente. Ya no reflexiona sobre los artistas sino cómo la cotidianidad es captada por los artistas.

Cada artista es un reflejo de su cotidianidad, las obras que haga serán un ejemplo de su entorno, de sus gustos, de la técnica y de las posibilidades que otorgan los diversos materiales disponibles en cada época. Es así como los artistas del siglo XX se inspiraron en su cotidianidad como sujeto del arte. No sólo la vida cotidiana sirve para ser pintada o fotografiada, también los objetos que nos rodean son dignos de ser representados.

Este excelente artículo lo tomo prestado del blog La piedra de Sísifo y fue escrito por Alejandro Gamero quien nos explica en forma concisa pero muy precisa como las expresiones artísticas son un reflejo de la sociedad en que vivimos. A continuación el texto mencionado.

“Existe una tendencia generalizada a ver el arte como un concepto abstracto, algo tremendamente complejo y alejado de la realidad que necesita un elaborada explicación o un exhaustivo análisis para poder ser comprendido y valorado. A veces es triste ver cómo incluso quienes se consideran estandartes de la intelectualidad caen en esa visión tópica del arte. Le pasa por ejemplo a Mario Vargas Llosa, que en su ensayo La civilización del espectáculo dedica al arte un capítulo titulado «Caca de elefante». El título, por cierto, es bastante descriptivo del enfoque con que Vargas Llosa trata el tema. El autor peruano, que considera que estamos viviendo poco más que el apocalipsis de la cultura, se refiere a la banalización del arte contemporáneo, sobre todo a raíz del pop art, que eclosiona en los años 60 con Andy Warhol a la cabeza.

   Sin embargo, la visión que ofrece el filósofo del arte Richard Wollheim, creador del término «minimalismo», es muy distinta. En 1968 ‒una fecha simbólica por lo que representa mayo del 68 para el mundo del arte‒ publica El arte y sus objetos, un ensayo en el que defiende un concepto del arte entendido como «forma de vida». La expresión no es originaria de Wollheim; en realidad la tomó prestada de Wittgenstein, que la aplicaba al lenguaje para señalar el papel que juega en nuestras vidas como forma de representar nuestras experiencias y nuestros hábitos. De la misma manera, según Wollheim el arte está condicionado y es un reflejo del contexto social en el que se generó y solo puede comprenderse dentro de este contexto.

   Por ejemplo, es precisamente el contexto lo que hace que las 32 latas de sopa Campbell´s de Andy Warhol conviertan una imagen asociada al mundo del consumismo en arte. No es algo muy distinto a lo que Arthur C. Danto, autor del imprescindible ensayo Después del fin del arte, dice en un artículo titulado «The artworld»: si nos encontramos ante dos objetos completamente iguales y uno es una obra de arte y el otro no es porque existe un contexto que le ha otorgado un estatus diferente a cada uno de los objetos, haciendo que solo uno de los dos sea arte. La diferencia entre una caja Brillo normal y una obra de arte la marca ese contexto, que incluye una historia y una teoría del arte, que es lo que George Dickie llamó «institución del arte».

   Parece que para entender una obra de arte sea necesario conocer el contexto en el que se genera, tal vez por eso el arte contemporáneo parezca un territorio tan críptico, reservado solo a expertos. Pero por qué no va a ser posible el camino contrario: conocer el contexto a través de la obra. Lo que quiero decir es que el arte no es algo ajeno a la vida sino que más bien es un reflejo de ella. En realidad la vida se refleja en el arte y el arte en la vida. Es por eso que conocer el arte de una época es una de las forma más fiables de alcanzar un conocimiento profundo de la historia de esa época. El arte de Roma nos dice tanto sobre Roma como el arte contemporáneo nos dice ‒o nos dirá‒ sobre el mundo actual. Y así es como lo entenderán seguramente las generaciones futuras cuando vuelvan sobre nuestras obras de arte para saber más del mundo en el que vivimos hoy en día.

Dust in the wind